PEN OF THE YEAR 2009
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Pocas criaturas han inspirado la imaginación popular tanto como el caballo. Las pinturas rupestres de la Edad de Piedra lo conservan en toda su vivacidad de color. Muchas deidades han sido representadas a lomos de su caballo, algunos incluso con forma equina. El corcel alado Pegaso otorgó el rayo y el trueno a Zeus en señal de su poder y, en recompensa, fue inmortalizado en el cielo con una constelación que lleva su nombre.
Las prodigiosas crines y colas de caballo no sólo destacan por su naturaleza sino también por su capacidad para luchar contra los elementos. Hacia finales del siglo XVIII el pelo de caballo empezó a disfrutar del estatus de material selecto y a utilizarse para elaborar fundas de sofá. Al principio fue exclusivamente trenzado a mano, pero en 1872 se construyó el primer telar mecánico para tramar este codiciado material.
Sus sorprendentes propiedades naturales y la dificultad de su tramado hacen que el pelaje de caballo se emplee en nuestros días para confeccionar originales mobiliarios y vanguardistas accesorios de lujo.
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